Páginas

sábado, 15 de junio de 2013

Cuento EN PATUFET

Estos días en Manufacturas Deportivas, gracias a la colaboración en un proyecto muy interesante que tiene como centro el cuento En Patufet, algunos al leerlo por primera vez hemos vuelto a la magia que desprende la narrativa infantil. 

En Patufet es uno de los cuentos infantiles más populares de la literatura tradicional catalana. Os invitamos a que lo conozcáis también.

Títeres cuento EN PATUFET de Abacus cooperativa.

EN PATUFET 

Había una vez un padre y una madre, que tenían un hijito tan pequeño, tan pequeñito, que le llamaban Patufet. Un día su madre, mientras estaba cociendo en la olla, dijo:
- Ay, hijo, que fastidio salir a comprar ahora; la comida ya hierve al fuego y no encuentro el azafrán en ninguna parte.
En Patufet que todo lo removía y que por todas partes se metía, enseguida contestó:
- Madre, si no hay azafrán yo lo puedo ir a buscar.
- ¡Dónde quieres ir, dónde quieres ir! ¡No ves que eres demasiado pequeñito y la gente te puede pisar por la calle como a un garbanzo!
- Ya iré cantando, y así, si no me ven bien me oirán.
- ¡No y no! Irás cuando seas mayor.
- Eh! Eh! Eh! ¡Yo quiero ir a buscar azafrán!
Y cómo que se echó a llorar y a patalear, para acallarlo, su madre le dijo:
- Bueno basta, Patufet; aquí tienes una moneda y ve enseguida a la tienda de Josepet.
Calle arriba se encamina aquel chiquillo tan terco, con zuecos y barretina y unas calcetas de terciopelo mientras cantaba:
"Patim, patam, patum, 
hombres y mujeres de la calle, 
patim, patam, patum, 
no piséis a Patufet”.
Contento y cantando, en Patufet llegó a la tienda de Josepet, la más bonita de aquel lugar.
- ¡Ep, ep!  ¿Quién hay?
- Una moneda de azafrán, por favor.
Y el tendero mientras miraba por aquí y por allá seguía repitiendo:
- ¡Ep, ep! ¿Quién hay? ¿Qué queréis?
- ¿Es que no me ves? Ya estoy cansado de llamar. A ver si me despachas una moneda de azafrán.
Y el tendero volvió a mirar y buscar en el suelo de la tienda, hasta que de pronto vio una moneda que se movía. Entonces se agachó y la recogió, poniendo en el mismo lugar una bolsita de azafrán. Tan pronto como en Patufet tuvo el azafrán sobre él, lo cogió muy fuerte y salió a la calle.
"Patim, patam, patum, 
hombres y mujeres de la calle, 
patim, patam, patum, 
no piséis a Patufet”.
Cuando Patufet llegó a su casa con la bolsita de azafrán su madre no se lo creía. Entonces, lleno de satisfacción pidió:
- Madre, ¿me quieres dejar ahora llevar la comida al padre?
- Esto sí que no, hijo mío: el cesto pesa demasiado y por los caminos todavía hay nieve.
- ¡Eh! Eh! Eh! ¡Yo quiero llevar la comida!
Tanto y tanto lo pidió, que para que se callara su madre le dijo:
- Por no escucharte berrear más, toma el cesto y ya puedes ir.
Y Patufet, que tenía mucha fuerza, cogió el cesto de la comida y, como si nada, se lo cargó a cuestas. Por el camino, cantaba así: 
"Patim, patam, patum, 
hombres y mujeres de la calle, 
patim, patam, patum, 
no piséis a Patufet”.
A medio camino, Patufet se paró y se sentó al lado de un huerto para reponerse un rato, pero de pronto empezó a llover muy fuerte. Para no mojarse fue a esconderse bajo una col. Entonces vino un buey medio perdido y de un bocado se comió la col y de propina Patufet, con zuecos y barretina y las calcetas de terciopelo.
Al anochecer, el padre y la madre buscaban a su hijo por todas partes, hasta que encontraron el cesto al lado de un huerto. Entonces empezaron a llamar:
- Patufet, ¿dónde estás?, 
Patufet, ¿dónde estás?
Y Patufet, de lejos, les contestaba:
- Estoy en la barriga del buey, 
donde ni nieva ni llueve.
Como no lo oían, sus padres seguían llamándole:
- Patufet, ¿dónde estás?, 
Patufet, ¿dónde estás?
Y Patufet contestaba:
- Estoy en la barriga del buey, 
donde ni nieva ni llueve.
Cuando sus padres por fin supieron donde estaba Patufet empezaron a dar de comer coles al buey, y el buey se fue hinchando, hinchando, hinchando... Tanto y tanto se llenó, que al final el buey se tiró un pedete y como un relámpago salió en Patufet, muy contento y avispado, como si nada hubiera pasado.
Y este cuento se ha acabado.

Escultura en Granollers en homenaje al personaje infantil Patufet del escultor Efraïm Rodríguez Cobos .


Fuente imagen 1: Abacus cooperativa